
IKIGAI, la Filosofía japonesa para meditar y encontrar, con el tiempo, tu propósito de vida, que debería ser a la vez : tu pasión, tu trabajo, tu propósito y tu felicidad. No se trata de que el objetivo sea la Felicidad, lo que puede ser frustrante, sino de conseguirla con esos cuatro pasos
Ikigai, que proviene de la combinación de ‘iki’ (que proviene del verbo ‘ikuru’ y significa vida diaria) y ‘gai’ (que significa valor), se suele traducir como ‘la felicidad de estar siempre ocupado’ o ‘aquello que hace que valga la pena vivir la vida’. En otras palabras, tener un propósito en la vida.
Sin embargo, este concepto japonés no significa llenar tu día con tareas y actividades sin sentido. Muchas personas siguen ciegamente pasiones que no se basan en la realidad y acaban “sintiéndose desanimados cuando sus sueños no se materializan”, explica la coach Melody Wilding. Y añade: “Otros se resignan a carreras que les reporta dinero y estatus, pero no les satisfacen. En ambos casos, con el tiempo, su sentido de propósito puede comenzar a desvanecerse”.
Así, señala Iza Kavedžija, profesora de Antropología en la Universidad de Exeter (Reino Unido), centrarse en la propia felicidad puede resultar contraproducente. “La búsqueda activa de la felicidad y la determinación de ser o sentirse feliz pueden conducir rápidamente a una sensación de insuficiencia y decepción”, indica Kavedžija.
El concepto de ikigai, por tanto, no se basa en la búsqueda de la felicidad como la concebimos normalmente, sino que es mucho más amplia y profunda. Se trata de enfocarse en una esfera particular de la vida que hace que valga la pena vivir. Esto es, “dar un sentido de propósito a la vida, pero uno que no necesita ser grandioso o monumental”, explica Kavedžija.
El concepto de ikigai puede servir como una brújula para navegar tanto en la carrera profesional como en las decisiones de la vida que vayamos a tomar. Pero tenemos que tener en cuenta que no es algo que podamos conseguir de la noche a la mañana, sino que es un proceso que irá desarrollándose y evolucionando con el tiempo.
El ikigai, por lo general, se suele definir como la intersección de cuatro elementos:
Para alcanzarlos, debemos hacernos ciertas preguntas: ¿qué amo?; ¿en qué soy bueno?; ¿por qué me pueden pagar ahora o algo que podría transformarse en mi trabajo futuro?; ¿qué necesita el mundo? Pero, como defiende Wilding, no se trata de sentarse y encontrar todos estos propósitos en una tarde, sino que requiere de una profunda reflexión durante varios días o incluso semanas.
“Lo más importante, sé radicalmente honesto contigo mismo”, apunta Wilding. Y si esas preguntas no generan tanta información como nos gustaría, podemos probar con otras: ¿qué te gustaría ver cambiar en el mundo?; ¿qué te hace feliz en tu vida tal y como es ahora?; ¿por qué te levantas cada mañana?; ¿has tenido algún momento que te haya cambiado la vida y te haya proporcionado un momento de claridad?
Después de haber respondido cuidadosamente estas preguntas, la coach sugiere que comencemos a buscar patrones entre nuestras respuestas. A partir de ello, podemos trazar un mapa y crear todo aquello que nos da una razón para vivir. Esto es, encontrar nuestro ikigai.
Otra de las opciones que tenemos para encontrar nuestro ikigai es a través de las 10 reglas que establecieron Héctor García y Francesc Miralles en su libro, Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz (Urano, 2016). Para escribirlo, los autores entrevistaron a los residentes de Ōgimi, un pueblo en la isla japonesa de Okinawa, que tiene una de las tasas de centenarios más altas del mundo.
El resultado de ese estudio dio lugar a una serie de patrones. “Nuestro ikigai está oculto en lo más profundo de cada uno de nosotros”, afirman los autores en el libro. “Encontrarlo requiere una búsqueda paciente”. Así, desglosaron diez reglas que pueden ayudar a cualquier persona a encontrar su propio ikigai:
Tener un ikigai, tal y como afirman los autores, «claramente trae satisfacción, felicidad y sentido a nuestras vidas”. “La vida no es un problema a resolver. Solo recuerda tener algo que te mantenga ocupado haciendo lo que amas mientras estás rodeado de las personas que te aman”, recuerdan García y Miralles.